Ser Emprendedor

Recientemente he estado pensando en que significa ser un emprendedor, cuáles son los requisitos y qué motivan a las personas a hacer sus propios negocios.

Principalmente he tenido esto muy presente en estos días porque estoy comenzando una nueva empresa y como todas está llena de riesgos y oportunidades.

En este post no quiero pretender ser un experto porque no lo soy. Tampoco quiero que parezca un libro de auto-ayuda o un libro de negocios, de los cuales he leído muchos recientemente. Como saben los que leen este blog con frecuencia, este espacio es mi libreta de notas públicas. Apunto cosas de las que me quiero acordar o que quiero usar de referencia en el futuro. Cuando escribo algo aquí me aseguro de que no lo olvidaré.

Para mi, ser un emprendedor es tener la capacidad de ver oportunidades para hacer negocios, estudiar y entender, o por lo menos creer que se entienden los riesgos y tratar de convertir esas oportunidades en dinero. Básicamente es atreverse a crear algo desde cero a partir de una idea.

Las características que tienen en común todos los emprendedores que conozco son la imaginación y la perseverancia. Siendo esta última es la más importante.

Comenzar un negocio es a veces algo complicado y siempre lleno de sacrificios. Hay que tener un buen estómago para los problemas y las decisiones difíciles. Pero lo más importante es querer empezar desde el principio una y otra vez.

Una anécdota que escucho mucho es que un negocio que empieza haciendo una cosa termina haciendo otra. De esto podemos aprender lo que creo es la mejor lección de negocios que he escuchado, lo más importante para hacer un negocio es hacerlo, atreverse a tomar el primer paso.

Una idea por más buena que sea en papel o en un business plan es simplemente eso, una idea. Un negocio es algo tangible, con productos, clientes y vendedores. Un negocio no es bueno hasta que no se hace y produce más dinero en ventas de lo que gasta para generar esas ventas. Un buen negocio es una máquina de ganancia y no de dinero.

Esta idea de “empezar haciendo una cosa para terminar en otra” la había escuchado pero no la entendía hasta que la pude ver de primera mano. Hace un par de años hice un negocio que produce “software” de “digital signage”. Después de trabajar en la industria de “digital signage” por varios años y después de ver todas las ofertas de software me di cuenta que había un espacio que nadie estaba atendiendo, los pequeños negocios.

Pensaba que una panadería, una tienda de ropa independiente y hasta un negocio de accesorios para autos, podrían y querrían usar esta tecnología, pero simplemente no existía un producto para sus necesidades.

Miramos todos los productos que existían en ese entonces, vimos las necesidades de los clientes potenciales y una de las cosas que más nos llamó la atención es que estos clientes no tienen facilidades de servidores o conocimiento técnico. Por lo tanto no pueden comprar uno de los sistemas tradicionales porque son caros y porque no tienen la capacidad para operarlos.

Esa fue la clave. Debíamos hacer un producto que no requiriera ningún tipo de equipo o conocimiento especial. De ahí la idea de hacer un producto “Software as a Service”.

Para tratar de hacer el cuento corto. Creamos el producto e hicimos todo pensando en que tendríamos cientos y quizás miles de pequeños negocios usando nuestro producto. Unas semanas más tarde nos dimos cuenta de el crecimiento era lento así que debíamos tratar de poner el nombre de nuestro negocio en todos los lugares que fuese posible.

Enviamos nuestro comunicado de prensa a todas las personas que conocíamos y a todos los sites de noticias relacionados y no relacionados que encontramos. Entre los sites relacionados algunos de equipo audiovisual para el mercado educativo. De este esfuerzo logramos algunas reseñas en websites y blogs de la industria y una entrevista en TV local que todavía está en YouTube pero me niego a enlazar aquí.

Pasados unos cuanto días empezaron a aumentar los clientes y poco a poco llegamos a la modesta meta que teníamos en ese entonces. Lo interesante fue que ninguno de los clientes nuevos era un pequeño negocio, todos eran universidades en EEUU y Europa. Después de haber hecho tanta campaña para atraer negocios pequeños y estar seguro que este era nuestro mercado, nos dimos cuenta de que no funcionaba. Nuestro mercado son las universidades. Por alguna razón en nuestra busqueda de hacer un producto perfecto para un pequeño negocio, logramos hacer uno perfecto para instituciones educativas.

Era imposible para nosotros saber que nuestro producto era más fácil de vender a universidades que a pequeños negocios. Teníamos que hacer el negocio encontrarnos con el problema y solucionarlo. La lección de todo esto es que no importa que tan buena sea la idea para un negocio, lo que importa es hacerlo, lograr que crezca y produzca ganancia.

Espero que esta anécdota le sirva de algo a alguien más, después de todo la gasolina de los emprendedores son las historias de otros que como ellos se atreven.