Historia de una rodilla rota hace 19 años

Mi rodilla derecha se ha encargado de manterme ocupado estos últimos días. Todo comenzó el domingo temprano en la noche mientras instalaba un tubo para la cortina de la ducha en el baño del apartamento donde vivo. Estaba trepado sobre la bañera y ya había hecho los rotos en la pared con el taladro y estaba simplemente mirando donde iba a poner los tornillos. Sin avisar mi rodilla simplemente falló.

Después de visitar la sala de emergencia, un ortopeda y hacerme un MRI en la rodilla me enteré que lo que pasó fue que se me rompieron unos ligamentos y se me dislocó la rótula o patela de la rodilla derecha. Por suerte y para mi dolor una vez se dislocó, volvió espontaneamente a su lugar por lo que no tuve que dejar para después el dolor de ponerla en su sitio. Según mi doctor, de todo lo malo que podía haberme pasado tuve la suerte que de que me pasó lo menos malo. En otras palabras el tratamiento no requiere una intervención quirúrgica como inicialmente me había dicho.

Demás está decir que he estado sintiendo mucho dolor y la ansiedad de saber que no puedo guiar y que debo estar en la casa descansando por lo menos 6 semanas.

Lo divertido de esta historia es que tiene su origen hace más de 19 años cuando estaba en 2do o 3er grado de escuela elemental en el Colegio Ponceño. Recuerdo claramente que en un torneo de baloncesto en el colegio me lastimé la rodilla. Mis padres me llevaron al Hospital San Lucas y ahí me dijeron que tenía un ligamento lastimado. Me pusieron un yeso y me mandaron para mi casa. No recuerdo haber ido a ningún ortopeda ni haber bregado más con ese tema. Simplemente unas semanas más tarde metí la pierna en la pileta que estaba en el patio de mi casa, mojé el yeso y me lo corté. Cuando mis padres se dieron cuenta de que me había quitado el yeso, los convencí de que estaba perfectamente bien y me puse a correr bicicleta por las calles del pueblo viejo de Ponce como de costumbre. Nunca más pensé en eso hasta este fin de semana.

Siempre que subía escaleras mi rodilla derecha hacía un sonido raro, parecido al sonido que hace una caja de fosforos. Siempre fue así o por lo menos desde que tengo memoria. Nunca le presté atención y nunca pensé que fuera de importancia. Los días de lluvia esa rodilla tambien me dolía pero como lo podía soportar no me preocupaba. Estas ultimas semanas el dolor se había intensificado pero como no hago ejercicios y solo me dolía cuando caminaba a buscar almuerzo, era totalmente manejable.

Cuando le hice esta historia al ortopeda para él la respuesta era evidente. Mi rodilla nunca sanó. Desde el momento que me quité aquel yeso estuve viviendo con una rodilla rota sin darme cuenta. Lo que me pasó el domingo lo tenía en remojo hace muchos años y la falta de actividad física que impone mi trabajo simplemente dilató la llegada de esta dolorosa sorpresa.

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